Pública Introducción
La Economía Social y Solidaria permite mirar la economía desde una perspectiva distinta a la puramente mercantil. En lugar de situar el beneficio como único criterio, pone en el centro la equidad, el trabajo digno, la cooperación, la sostenibilidad ecológica, el reparto justo de la riqueza y el compromiso con el entorno, que son los seis principios recogidos por REAS en la Carta de la Economía Solidaria (REAS Red de Redes, 2022, s. p.). Desde esta mirada, Som Energia resulta un caso muy adecuado para cerrar el recorrido de la asignatura, porque combina una actividad económica concreta, la comercialización y producción de energía renovable, con una clara voluntad de transformación social y democrática del modelo energético (Som Energia, s. f.-a, s. p.; Som Energia, s. f.-b, s. p.).
Este artículo resume los aprendizajes trabajados durante el curso a partir de Som Energia. Primero se presenta la entidad y su relación con los principios de la ESS. Después se revisan tres ámbitos trabajados en los retos previos: la digitalización, las finanzas éticas y la posible aplicación de una moneda social local. Finalmente, se conecta el caso con varios marcos de política pública e institucional: los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el PERTE de Economía Social y de los Cuidados, el Plan de Acción para la Economía Social de la Unión Europea, la Red de Ateneos Cooperativos y la contratación pública responsable. La intención no es idealizar la entidad, sino valorar con realismo su capacidad de incidencia y sus límites.
Presentación de Som Energia
Som Energia es una cooperativa de consumo de energía renovable nacida en Girona en 2010 y orientada a impulsar un cambio del modelo energético desde la participación ciudadana. En su propia presentación pública se define como una cooperativa de energías 100% renovables para personas que quieren construir un mundo más sostenible y participar en la transición energética (Som Energia, s. f.-a, s. p.). En la sección institucional de la cooperativa se concreta aún más esta idea: su misión es proveer energía renovable, sostenible y accesible, y transformar el modelo energético poniendo el poder en manos de las personas (Som Energia, s. f.-b, s. p.).
La forma cooperativa es importante porque cambia la relación entre entidad y personas usuarias. No se trata solo de contratar electricidad verde, sino de formar parte de una organización en la que la condición de persona socia da voz y voto, con órganos de participación como la Asamblea General y los Grupos Locales (Som Energia, s. f.-c, s. p.). Esta dimensión democrática encaja con la ESS, ya que la Carta de REAS entiende la economía solidaria como un proyecto económico, social y político basado en relaciones más justas, cooperativas y sostenibles (REAS Red de Redes, 2022, s. p.).
En mi opinión, el rasgo más interesante de Som Energia es que actúa en un sector estratégico. La energía no es un consumo cualquiera: condiciona la vida cotidiana, la actividad económica, la sostenibilidad ambiental y la autonomía de los hogares. Por eso, una cooperativa energética puede tener un impacto que va más allá de la factura eléctrica. Su propuesta conecta con la transición ecológica, con la democratización de un sector tradicionalmente concentrado y con la posibilidad de que la ciudadanía participe en decisiones energéticas que normalmente quedan lejos de su control.
Som Energia desde los principios de la ESS
Som Energia puede analizarse desde varios principios de la ESS. En primer lugar, la gestión democrática aparece en su modelo de participación. La cooperativa informa de que las personas socias cuentan con voz y voto y pueden participar a través de la Asamblea General y los Grupos Locales (Som Energia, s. f.-c, s. p.). Estos grupos están formados por personas socias voluntarias que trasladan los valores de la cooperativa a su territorio y ayudan a que el proyecto crezca y se arraigue en realidades locales distintas (Som Energia, 2021, s. p.). Esta estructura es coherente con la idea de cooperación y compromiso con el entorno que defiende REAS (REAS Red de Redes, 2022, s. p.).
En segundo lugar, la sostenibilidad ecológica es el núcleo de la entidad. Som Energia no solo comercializa energía de origen renovable, sino que impulsa proyectos de generación propia y fórmulas colectivas como Generation kWh. Este proyecto se define como un sistema de préstamos que permite construir o comprar nuevas instalaciones de generación renovable, con un retorno energético y medioambiental en lugar de un retorno financiero convencional (Som Energia, s. f.-e, s. p.). Esta lógica encaja con la ESS porque la rentabilidad económica queda subordinada a una finalidad ambiental y colectiva.
En tercer lugar, la entidad trabaja la intercooperación y el arraigo territorial. Los Grupos Locales y las comunidades energéticas permiten que la transición energética no sea solo una decisión individual de consumo, sino una práctica comunitaria. El autoconsumo colectivo, regulado en España por el Real Decreto 244/2019, permite que varios consumidores se alimenten de energía procedente de instalaciones próximas y asociadas a ellos (Ministerio para la Transición Ecológica, 2019, art. 1; Som Energia, 2022, s. p.). Este marco abre la puerta a proyectos en barrios, pueblos y comunidades de vecinos, donde Som Energia puede actuar como facilitadora de procesos colectivos.
Digitalización: una herramienta necesaria, pero no neutral
La digitalización es una condición casi imprescindible para una cooperativa como Som Energia. Al operar en un mercado estatal y con una base social amplia, la entidad necesita herramientas digitales para gestionar contratos, facturación, comunicación, participación y servicios energéticos. Además, la digitalización permite hacer más accesible la información sobre consumo, tarifas, generación renovable y participación interna. La propia cooperativa ofrece canales digitales de relación con las personas socias y usuarias, y en su documentación de participación insiste en la importancia de activar a la base social en un proyecto energético renovable, inclusivo, democrático y de propiedad colectiva (Som Energia, 2024, p. 6).
El potencial positivo de la digitalización es evidente. Puede facilitar la participación de personas que viven lejos de los espacios presenciales, mejorar la transparencia de la información, permitir el seguimiento del consumo y hacer viable la gestión de proyectos complejos como el autoconsumo colectivo. También puede apoyar la creación de comunidades energéticas y modelos de gestión compartida. Som Energia ha defendido, por ejemplo, la figura del gestor del autoconsumo como herramienta para simplificar trámites y facilitar que una persona física o jurídica represente al conjunto de usuarios de una instalación colectiva (Som Energia, 2026, s. p.).
La respuesta recibida de Som Energia refuerza esta idea: para la cooperativa, la digitalización puede ayudar a mejorar la eficiencia, la transparencia y la participación en el mercado eléctrico, siempre que se entienda como una herramienta al servicio de las personas y no solo desde criterios económicos (A. Solà, comunicación personal, mayo de 2026). Por eso, he matizado el análisis para no presentar la digitalización como un fin en sí mismo, sino como un instrumento que debe mejorar la relación con las personas socias y mantener la coherencia cooperativa.
Sin embargo, la digitalización no es neutral. En una entidad de ESS, la tecnología debe estar al servicio de la participación y no al revés. El riesgo es que una cooperativa acabe dependiendo de plataformas corporativas, servicios externos de datos o soluciones digitales poco transparentes. Desde la perspectiva de la ESS, esto puede generar una contradicción: una entidad que quiere democratizar la energía no debería reproducir, en su infraestructura tecnológica, dinámicas de dependencia y concentración propias del capitalismo digital. Por eso, una línea de mejora coherente sería avanzar hacia software libre, gestión responsable de datos, herramientas accesibles y formación digital para las personas socias.
También hay que tener en cuenta la brecha digital. No todas las personas participan igual en entornos virtuales ni tienen la misma facilidad para usar plataformas, aplicaciones o trámites electrónicos. Si la digitalización se convierte en la vía principal de participación, puede dejar fuera a personas con menos competencias digitales. En ese sentido, Som Energia debería combinar herramientas digitales con espacios presenciales y acompañamiento local, especialmente a través de los Grupos Locales.
Finanzas éticas, moneda social y participación comunitaria
Otro aprendizaje del curso ha sido pensar qué pueden aportar las finanzas éticas y las monedas sociales a una entidad de ESS. En el caso de Som Energia, una moneda social local no tendría sentido como sustituto del euro para pagar la factura eléctrica. El sector energético está fuertemente regulado, tiene costes estructurales, obligaciones fiscales y reglas de mercado que no pueden resolverse con una moneda complementaria. El propio Real Decreto 244/2019 muestra que el autoconsumo eléctrico se mueve dentro de un marco técnico, administrativo y económico muy definido (Ministerio para la Transición Ecológica, 2019, art. 1).
Aun así, una moneda social sí podría tener un papel complementario en la vida comunitaria de la cooperativa. Las monedas complementarias no pretenden sustituir a la moneda oficial, sino reforzar intercambios, reciprocidad y cohesión local allí donde el dinero convencional no reconoce ciertos valores comunitarios (Atxukarro, 2014, s. p.; Blanc, 2011, pp. 4-10). En Som Energia, esto podría traducirse en incentivos para la participación en grupos locales, asistencia a talleres de eficiencia energética, apoyo a campañas de sensibilización, colaboración en proyectos de autoconsumo colectivo o alianzas con otras entidades de la ESS del territorio.
La fortaleza principal para imaginar este tipo de herramienta es que Som Energia ya cuenta con una cultura cooperativa. Las monedas sociales necesitan una comunidad activa, confianza y una base de reciprocidad; no funcionan únicamente por su diseño técnico (Cahn, 2000, s. p.; Collom, 2008, pp. 414-436). En este punto, los Grupos Locales serían el espacio más lógico para una posible experiencia piloto, porque son los lugares donde la cooperativa se concreta en relaciones de proximidad (Som Energia, 2021, s. p.).
La oportunidad más interesante no sería económica en sentido estrecho, sino social. Una moneda o sistema de reconocimiento podría valorar tareas que sostienen la cooperativa pero que no siempre se ven: explicar el proyecto a nuevas personas socias, organizar talleres, acompañar a comunidades energéticas, participar en campañas contra la pobreza energética o dinamizar debates locales. Ryan-Collins, Stephens y Coote (2008, s. p.) señalan que los bancos de tiempo y herramientas similares pueden reforzar servicios comunitarios porque reconocen capacidades y aportaciones que el mercado convencional no suele valorar.
Ahora bien, también hay límites importantes. Corrons Giménez (2015, s. p.) advierte que las monedas complementarias dependen de la capacidad de adaptación y de la predisposición al cambio de las personas usuarias. En una cooperativa grande, con personas muy implicadas y otras que se relacionan con la entidad de forma más funcional, el riesgo de baja adopción es real. Si la herramienta se percibe como compleja, simbólica o poco útil, podría quedar reducida a un grupo pequeño de personas ya convencidas. Por eso, en Som Energia una moneda social solo tendría sentido si fuera sencilla, acotada y vinculada a necesidades concretas de participación.
Relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible
El caso de Som Energia se conecta de manera directa con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El vínculo más evidente es el ODS 7, energía asequible y no contaminante. Naciones Unidas define este objetivo como la garantía de acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todas las personas, y subraya que la energía limpia es clave para el desarrollo económico y social (Naciones Unidas, s. f.-a, s. p.). Som Energia se sitúa claramente en este marco porque su actividad principal es promover energía renovable y transformar el modelo energético hacia formas más sostenibles y democráticas (Som Energia, s. f.-b, s. p.).
También existe relación con el ODS 13, acción por el clima, porque la sustitución de combustibles fósiles por energías renovables es una parte necesaria de la lucha contra el cambio climático. Aunque una cooperativa no puede resolver por sí sola la crisis climática, sí puede facilitar que hogares y entidades participen en la transición energética desde prácticas de consumo y producción más coherentes. En este sentido, Som Energia no solo ofrece electricidad renovable, sino que impulsa proyectos de generación, autoconsumo y participación comunitaria (Som Energia, s. f.-e, s. p.; Som Energia, s. f.-f, s. p.).
La entidad también conecta con el ODS 12, producción y consumo responsables, porque invita a repensar el consumo eléctrico no como una compra pasiva, sino como una decisión política, ambiental y social. Del mismo modo, el ODS 11, comunidades sostenibles, aparece en la dimensión territorial de los grupos locales y las comunidades energéticas. Finalmente, el ODS 17, alianzas para lograr los objetivos, se refleja en la intercooperación con otras entidades de la ESS, administraciones y proyectos comunitarios. Esta lectura debe hacerse con prudencia: no basta con decir que una entidad contribuye a los ODS; hay que mirar qué prácticas concretas desarrolla. En Som Energia, esas prácticas están ligadas a energía renovable, participación democrática, generación colectiva y arraigo territorial.
PERTE de Economía Social y de los Cuidados
El PERTE de Economía Social y de los Cuidados es un marco estatal relevante porque reconoce el peso de la economía social y su potencial transformador. El Plan de Recuperación señala que este PERTE se articula en torno a tres objetivos: impulsar y desarrollar la economía social española y su potencial transformador, desarrollar servicios avanzados en el ámbito de los cuidados y crear un hub de referencia para la transferencia de conocimiento con las entidades de economía social (Gobierno de España, 2025, s. p.).
Aunque Som Energia no pertenece al sector de los cuidados en sentido estricto, sí encaja en el primer objetivo del PERTE: fortalecer la economía social y su capacidad transformadora. Además, su actividad se relaciona con la transición ecológica y digital, dos ejes muy presentes en las políticas públicas actuales. El Ministerio de Trabajo y Economía Social vincula este PERTE con la necesidad de hacer las economías y sociedades más sostenibles, resilientes y preparadas para las transiciones ecológica y digital (Ministerio de Trabajo y Economía Social, 2025, s. p.).
Desde un punto de vista crítico, el PERTE puede abrir oportunidades para entidades como Som Energia si facilita financiación, innovación, digitalización y alianzas entre cooperativas, administraciones y centros de conocimiento. Sin embargo, también existe un riesgo: que los fondos públicos lleguen más fácilmente a organizaciones con mayor capacidad administrativa y de gestión, dejando en peor posición a proyectos más pequeños. Para que el PERTE fortalezca de verdad la ESS, debería facilitar convocatorias accesibles, apoyo técnico y alianzas territoriales que no se limiten a grandes proyectos.
Plan de Acción para la Economía Social de la Unión Europea
El Plan de Acción para la Economía Social de la Unión Europea también ayuda a situar el caso. La Comisión Europea plantea que la economía social contribuye a crear y mantener empleo de calidad, promover inclusión social, impulsar desarrollo sostenible y favorecer la participación activa de la ciudadanía (Comisión Europea, 2021, p. 2). Además, el portal europeo de economía social resume el plan en tres líneas: crear condiciones marco adecuadas, abrir oportunidades de financiación y desarrollo de capacidades, y aumentar el reconocimiento de la economía social y su potencial (Comisión Europea, s. f., s. p.).
Som Energia encaja bien en esta visión porque combina actividad económica, transición ecológica y participación ciudadana. La cooperativa no es solo una proveedora de electricidad, sino un ejemplo de cómo una necesidad básica puede organizarse desde una lógica democrática y no exclusivamente lucrativa. En este sentido, el Plan de Acción europeo puede ser útil si se traduce en instrumentos reales: acceso a financiación, apoyo a la innovación social, acompañamiento digital, reconocimiento institucional y facilidades para la colaboración con administraciones públicas.
La mirada europea también permite señalar un reto: la economía social necesita competir en mercados dominados por actores grandes y con muchos recursos. En el sector energético, esta dificultad es especialmente evidente. Som Energia debe mantener sus valores cooperativos mientras opera en un mercado regulado, técnico y competitivo. Por eso, las políticas europeas no deberían limitarse a reconocer la economía social, sino crear condiciones que permitan a entidades como Som Energia sostenerse y crecer sin perder su carácter transformador.
Ateneos Cooperativos y políticas territoriales de apoyo
Como Som Energia nació en Girona y mantiene una fuerte relación con Cataluña, también resulta pertinente mencionar la Red de Ateneos Cooperativos. Esta política pública catalana se impulsó en 2016 para crear puntos territoriales de apoyo a la generación de empleo mediante cooperativas y sociedades laborales. La Generalitat describe los Ateneos como espacios de encuentro, coordinación, aprendizaje, discusión, cooperación y transformación social, basados en principios como justicia social, democracia directa y participativa, decrecimiento, sostenibilidad, equidad y solidaridad (Generalitat de Catalunya, 2023, s. p.).
La experiencia de los Ateneos Cooperativos es relevante porque muestra que las políticas públicas pueden fortalecer la ESS desde el territorio. No se trata solo de subvencionar proyectos, sino de crear ecosistemas: formación, asesoramiento, redes, acompañamiento y espacios donde las entidades puedan cooperar. Para Som Energia, este tipo de política puede ser útil en ámbitos como comunidades energéticas locales, formación sobre autoconsumo, apoyo a grupos locales o alianzas con ayuntamientos y otras cooperativas.
Esta referencia también ayuda a entender una idea central del curso: la ESS no crece solo por la voluntad de las entidades, sino por la existencia de entornos institucionales favorables. Si una cooperativa energética quiere promover soberanía energética y participación ciudadana, necesita marcos legales, apoyo técnico, financiación, espacios de cooperación y políticas públicas que no favorezcan únicamente a las grandes empresas del sector.
Contratación pública responsable
La contratación pública es otro instrumento institucional con potencial para fortalecer entidades como Som Energia. La Ley 9/2017 de Contratos del Sector Público establece que en la contratación pública deben incorporarse de manera transversal criterios sociales y medioambientales cuando guarden relación con el objeto del contrato, porque pueden mejorar la relación calidad-precio y la eficiencia en el uso de los fondos públicos (Jefatura del Estado, 2017, art. 1 y art. 145). Esta previsión abre la puerta a que las administraciones no valoren solo el precio, sino también el impacto ambiental, social y territorial de lo que contratan.
En el caso de Som Energia, la contratación pública responsable podría tener varias aplicaciones. Las administraciones podrían contratar energía renovable con criterios de impacto social, impulsar comunidades energéticas locales, promover proyectos de autoconsumo colectivo en edificios públicos o colaborar con cooperativas para campañas de ahorro y eficiencia energética. También podrían usar la contratación pública para apoyar modelos de transición energética más participativos, especialmente en barrios vulnerables o municipios pequeños.
Este punto fue confirmado por la entidad en la respuesta recibida. Desde Som Energia se señala que la contratación pública puede favorecer iniciativas cooperativas y de economía social y solidaria si no se orienta únicamente al factor precio, sino que tiene en cuenta valores como la ausencia de ánimo de lucro, el respeto al tejido social, el cuidado del medio ambiente y la centralidad de las personas (A. Solà, comunicación personal, mayo de 2026). Esta aportación permite reforzar la idea de que la contratación pública no debería limitarse a comprar electricidad barata, sino valorar qué modelo energético y social se está apoyando con dinero público.
La contratación pública, sin embargo, no es una solución automática. Si los contratos son demasiado grandes, si los procedimientos son complejos o si los requisitos administrativos favorecen a grandes operadores, las cooperativas pueden quedar fuera. Por eso, una contratación pública realmente transformadora debería incorporar división en lotes, criterios ambientales claros, cláusulas sociales efectivas y mecanismos que permitan competir a entidades de economía social. En este punto, Som Energia puede aportar valor no solo como proveedora, sino como aliada para diseñar proyectos energéticos comunitarios.
Valoración crítica del potencial transformador
El potencial transformador de Som Energia reside en que actúa en un ámbito estratégico y cotidiano. La electricidad está presente en todos los hogares y actividades económicas, y por eso cambiar la forma de producirla, contratarla y gobernarla tiene un significado social importante. Som Energia demuestra que es posible organizar parte del sistema energético desde una lógica cooperativa, renovable y democrática (Som Energia, s. f.-b, s. p.).
Su mayor fortaleza es la coherencia entre misión y práctica: energía renovable, participación de las personas socias, grupos locales, reinversión, proyectos colectivos y voluntad de transformar el modelo energético. Además, herramientas como Generation kWh muestran que la ciudadanía puede financiar generación renovable con una lógica distinta a la inversión especulativa: el retorno se plantea en términos energéticos y medioambientales, no solo financieros (Som Energia, s. f.-e, s. p.).
Pero también existen límites. La cooperativa opera en un sector muy regulado, con costes técnicos, dependencia de infraestructuras y competencia de grandes empresas. Además, su propio crecimiento puede generar distancia entre una base social muy amplia y los espacios reales de participación. El riesgo es que una parte de las personas socias se relacione con Som Energia como si fuera simplemente una comercializadora ética, sin implicarse en la dimensión comunitaria del proyecto. Este riesgo no invalida el modelo, pero obliga a reforzar los grupos locales, la pedagogía energética, la participación y la transparencia.
La respuesta de Som Energia confirma esta tensión. La cooperativa explica que uno de sus retos principales es seguir creciendo sin perder los valores cooperativos y la participación democrática, especialmente después de haber pasado de unas 500 personas al inicio del proyecto a más de 87.000 en la actualidad (A. Solà, comunicación personal, mayo de 2026). También señala como retos el contexto energético competitivo y cambiante, la concentración del mercado eléctrico, la volatilidad de los precios y las modificaciones regulatorias orientadas a las grandes empresas. Esta devolución de la entidad me ha llevado a reforzar la parte crítica del artículo: el potencial transformador existe, pero depende de sostener la participación y la cercanía en un entorno de fuerte presión competitiva y regulatoria.
Por eso, mi valoración es que Som Energia tiene un potencial transformador alto, pero condicionado. Puede contribuir a democratizar la energía, impulsar renovables y fortalecer comunidades energéticas, siempre que mantenga viva la dimensión cooperativa y no se limite a competir como una comercializadora verde más. Las políticas públicas, la contratación responsable, la digitalización soberana y posibles herramientas comunitarias como monedas sociales pueden ayudar, pero solo si se diseñan con realismo y desde las necesidades concretas de la base social.
Interacción con la entidad
Como parte del proceso de elaboración de este artículo, se contactó con Som Energia mediante correo electrónico dirigido a info@somenergia.coop. El objetivo del mensaje fue contrastar el análisis realizado durante el curso y solicitar su punto de vista sobre los principales retos actuales de la cooperativa, así como sobre el papel de las políticas públicas, la contratación pública, la digitalización y las comunidades energéticas en el fortalecimiento de su modelo.
La entidad respondió a través de Anna Solà, miembro del equipo de Comunicación. En relación con los retos actuales, Som Energia destaca la dificultad de seguir creciendo sin perder los valores cooperativos y la participación democrática, especialmente después de haber pasado de un proyecto inicial de 500 personas a una cooperativa con más de 87.000. También identifica como retos el contexto energético competitivo y cambiante, la concentración del mercado eléctrico, la volatilidad de los precios, las modificaciones regulatorias orientadas a las grandes empresas y la necesidad de equilibrar profesionalización y digitalización con una atención cercana y accesible para las personas socias (A. Solà, comunicación personal, mayo de 2026).
Respecto a las políticas públicas, Som Energia considera que pueden tener un papel clave para impulsar modelos energéticos más democráticos, sostenibles y centrados en las personas. En particular, la entidad señala que la contratación pública puede favorecer iniciativas cooperativas y de ESS si se basa en valores, respeto al tejido social y al medio ambiente, y no únicamente en el factor precio. También destaca las comunidades energéticas como una oportunidad para descentralizar la producción y fomentar la participación ciudadana en la transición energética. Sobre la digitalización, la cooperativa la valora positivamente si mejora la eficiencia, la transparencia y la participación, siempre que esté al servicio de las personas y no solo de criterios económicos (A. Solà, comunicación personal, mayo de 2026).
Este retorno se ha incorporado al artículo reforzando tres ideas: el crecimiento de Som Energia es una fortaleza, pero también un reto democrático; la contratación pública debe valorar el impacto social y ambiental, no solo el precio; y la digitalización debe entenderse como herramienta de participación y transparencia, no como una finalidad en sí misma. Como evidencia de la interacción, se adjunta al final del documento una prueba del correo enviado y se transcribe la respuesta recibida de la entidad.
Conclusión
Som Energia es un caso sólido para analizar la relación entre ESS, transición energética y políticas públicas. Su modelo cooperativo permite mirar la energía no solo como un servicio, sino como un campo de participación democrática, sostenibilidad ecológica y transformación social. La entidad conecta claramente con los principios de la Carta de la Economía Solidaria, especialmente cooperación, sostenibilidad ecológica, reparto justo de la riqueza y compromiso con el entorno (REAS Red de Redes, 2022, s. p.).
Los aprendizajes del curso permiten ver que la digitalización puede fortalecer a Som Energia si mejora la participación, la transparencia y la gestión de comunidades energéticas, pero también puede generar riesgos de brecha digital y dependencia tecnológica. Las monedas sociales, por su parte, no parecen adecuadas para sustituir el pago de la electricidad, pero sí podrían servir como herramienta complementaria para reconocer participación, activar grupos locales y reforzar vínculos territoriales, siempre que se diseñen de forma sencilla y útil (Atxukarro, 2014, s. p.; Corrons Giménez, 2015, s. p.).
Los marcos institucionales analizados muestran que las políticas públicas pueden ser decisivas. Los ODS sitúan el caso dentro de la energía limpia, el consumo responsable y la acción climática. El PERTE y el Plan de Acción europeo reconocen el potencial de la economía social. Los Ateneos Cooperativos muestran la importancia del apoyo territorial. Y la contratación pública responsable puede abrir oportunidades para que las administraciones impulsen energía renovable con impacto social. En definitiva, Som Energia tiene capacidad transformadora porque combina una necesidad básica, la energía, con una forma cooperativa de organizarla. Su reto es mantener viva esa dimensión democrática mientras crece y opera en un mercado complejo.
Uso de inteligencia artificial
Para la elaboración de este artículo se ha utilizado inteligencia artificial como apoyo en la organización del texto, la mejora de la redacción y la revisión de coherencia. La selección del caso, la interpretación crítica, la incorporación de la respuesta de Som Energia, la revisión de las citas y la adaptación final al trabajo de la asignatura han sido realizadas personalmente.
Bibliografía
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Anexo 1. Prueba fotográfica del correo electrónico enviado.


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